En la cabecera del hermoso Valle de Echo a unos 882 metros de altitud en la falda del monte Santidoro, se encuentra Siresa al amparo del glorioso Monasterio de San Pedro, que se eleva sobre el conocido Barranco de Espetal, que hace frontera con Francia.
Habitado en un territorio prehistórico, donde en la época Romana se relacionó con la calzada que se atravesaba al Summo Pyrineo, justo por el Puerto del Palo, no se puede desligar aunque existan muy pocas pruebas documentales sobre ella, la real historia de esta bella localidad a la del Monasterio de San Pedro.
Construido en 1082, el antiguo Monasterio románico de San Pedro, fue edificado a raíz de una presunta reforma agustiniana, que fue fundada en el siglo IX. Hablamos de una planta cruciforme de gran magnitud, con un ábside semicircular y una fuerte construcción que forma la puerta principal. La arquitectura de este Monumento Nacional destaca los hermosos arcos ciegos y un cordón achaflanado. Existe una leyenda popular que cuenta que el famoso Santo Grial, copa utilizada por Jesucristo en la Ultima Cena, se encontró justo en este Monasterio, específicamente en un hueco que quedaba abierto en el ábside.
Siresa es un hermoso pueblo que se encuentra en la ladera, donde se puede apreciar un paisaje hermoso lleno de arboles y viviendas. En Siresa las fiestas más populares tienen lugar el 3 de febrero, y se celebran en honor de San Blas y otras fiestas, solo una poco más pequeña se celebran el 29 de julio, en honor a San Pedro.
Este pueblo, que es considerado como la puerta a la Selva de Oza, invita al senderismo. Para los amantes del arte, podrán visitar un templo único en su clase, con exquisitos acabados rústicos que sin duda alguna desearan fotografiar.
Para los que desean salir de lo común y guardar en la memoria paisajes únicamente mágicos, Siresa es el lugar perfecto para vacacionar con la familia.